Antes que el diablo sepa que has muerto, Sidney Lumet

 

Antes que el diablo sepa que has muerto: el eco de Hitchcock y Kubrick en la mente creativa

Dos hermanos de familia burguesa se encuentran en una situación desesperada y necesitan conseguir dinero sea como sea: Andy (Philip Seymour Hoffman), un ambicioso ejecutivo adicto a la heroína, le propone a su hermano Hank (Ethan Hawke), cuyo sueldo se va casi íntegramente en pagar la pensión de su ex mujer, dar un golpe perfecto: atracar la joyería que sus padres tienen en Nueva York. Aunque a primera vista parece muy fácil, las circunstancias y el azar se conjugan para que nada salga según lo previsto 

Antes que el diablo sepa que has muerto (Sidney Lumet, 2007) no es solo un thriller criminal. Es una disección de la mente humana cuando el orden interno se fractura. En ese sentido, la película dialoga de forma clara —aunque no explícita— con dos grandes arquitectos del cine psicológico: Alfred Hitchcock y Stanley Kubrick.

La similitud no está en el estilo visual inmediato, sino en la forma de construir tensión desde dentro del personaje, no desde la acción.

1. El suspense psicológico de Hitchcock: el crimen ya ocurrió

Como en Hitchcock, Lumet no basa la tensión en qué va a pasar, sino en cómo vamos a soportar lo que ya ha pasado.
El espectador conoce el error desde el inicio; lo que se despliega es la ansiedad, la culpa y la inevitabilidad.

Hitchcock hacía del espectador un cómplice incómodo. Lumet hace lo mismo:
no miramos el crimen, miramos la mente después del crimen.

Esto es creatividad pura:

el conflicto no avanza hacia fuera, sino hacia dentro.

2. Kubrick y la fragmentación del tiempo y la psique

La estructura narrativa fragmentada recuerda directamente a Kubrick.
El tiempo no es lineal porque la conciencia no lo es.

Como en El resplandor o Eyes Wide Shut, la historia se rompe en capas temporales que reflejan:

  • negación

  • repetición

  • obsesión

  • colapso

Kubrick exploraba el vacío existencial; Lumet explora la desintegración emocional cotidiana. No hay locura épica, hay algo más inquietante: la normalidad rota.

Quien quiera experimentar de primera mano lo que es la intensidad del thriller, la complejidad humana en sus aspectos más cotidianamente sórdidos o el virtuosismo narrativo sin estridencias, que corra a ver este nuevo trabajo de Lumet  

 

 


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